Mide el caudal de agua y líquidos limpios desde afuera del caño, sin cortar la cañería ni detener el proceso
Un caudalímetro ultrasónico no invasivo —también llamado caudalímetro clamp-on o de abrazadera— mide el caudal de un líquido con dos transductores que se fijan por fuera del caño. No toca el líquido, no corta la cañería y no genera pérdida de carga: se coloca, se cargan los datos del caño y en pocos minutos muestra el caudal instantáneo en m³/h, la velocidad y el volumen acumulado.
La versión portátil funciona a batería y entra en un maletín, así que un mismo equipo sirve para medir muchos caños distintos: relevar consumos de agua, verificar el caudal de una bomba o controlar un caudalímetro instalado. Se ofrece con dos pares de transductores para caños de DN25 a DN400 (de 1" a 16"), con exactitud de ±1 % de la lectura. Envíos a toda Argentina.
El caudalímetro ultrasónico de tiempo de tránsito usa dos transductores que emiten y reciben pulsos de ultrasonido a través de la pared del caño. Un pulso viaja a favor de la corriente y otro en contra: el que va a favor llega antes, y la diferencia entre los dos tiempos es proporcional a la velocidad del líquido. Con la velocidad y el diámetro interior del caño, el equipo calcula el caudal.
Montaje en V: el ultrasonido cruza el caño, se refleja en la pared opuesta y vuelve al segundo transductor. El equipo mide el tiempo en los dos sentidos.
Los transductores se pueden montar de tres formas, según el diámetro y el estado del caño. En V, los dos van del mismo lado y el sonido cruza el caño dos veces: es el montaje habitual en caños medianos. En Z, van en lados opuestos y el sonido cruza una sola vez: se usa en caños grandes o cuando la señal es débil. En W, el sonido cruza cuatro veces: mejora la lectura en caños chicos.
Para medir, el equipo necesita los datos del caño: diámetro exterior, espesor de pared, material y revestimiento interior si lo hay, además del tipo de líquido. Con eso calcula la separación entre transductores, y en pantalla muestra la intensidad y la calidad de la señal para confirmar que el montaje quedó bien. La exactitud final depende de que esos datos sean correctos.
La diferencia de fondo entre los dos es dónde se instalan. El caudalímetro electromagnético va intercalado en la cañería: hay que cortar el caño, parar el proceso y montarlo con bridas o rosca, y queda instalado en forma permanente. El ultrasónico clamp-on se coloca por fuera y se saca cuando se termina de medir.
El electromagnético conviene en instalaciones fijas con líquidos conductores, y tolera bien los sólidos en suspensión: es la opción para efluentes cloacales, barros y pulpas. No mide líquidos no conductores como aceites, gasoil o agua desmineralizada. El ultrasónico no invasivo conviene cuando no se puede o no se quiere cortar el caño, cuando hace falta medir en varios puntos con un solo equipo, o cuando el líquido no es conductor. A cambio, pide un líquido razonablemente limpio y un tramo recto de caño.
¿El agua corre por un canal y no por un caño? En canales, vertederos y descargas a cielo abierto el caudal no se mide con transductores sobre una pared sino con un sensor de nivel sobre una estructura de aforo: es la medición de caudal en canales abiertos. Y para comparar todas las tecnologías —turbina, vortex, Coriolis, placa orificio, rotámetro— está la guía de tipos de caudalímetros.
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Las desventajas son las condiciones que pide para medir bien. Necesita un líquido homogéneo, sin muchas burbujas ni sólidos; el caño tiene que estar lleno; hace falta un tramo recto antes y después del punto de medición; y la exactitud depende de cargar bien los datos del caño y de montar los transductores con cuidado. No mide gases. Cada una de estas condiciones está desarrollada abajo.
Hay casos donde el caudalímetro ultrasónico clamp-on no es la respuesta, o donde hace falta confirmar algo antes de cotizar.
El método de tiempo de tránsito necesita que el ultrasonido atraviese el líquido. Con muchos sólidos en suspensión o burbujas la señal se pierde: el límite es una turbidez de 10.000 ppm y pocas burbujas. Para barros, efluentes crudos y pulpas corresponde un caudalímetro electromagnético o un ultrasónico Doppler, que es otro equipo.
El equipo calcula el caudal suponiendo que el líquido ocupa toda la sección del caño. En un caño parcialmente lleno, como una descarga por gravedad, la lectura no es válida. Por el mismo motivo, en caños horizontales los transductores se montan a los costados y no arriba: así no les afecta el aire que se junta en la parte superior.
Codos, válvulas y bombas deforman el perfil de velocidades del líquido. El punto de medición necesita 10 diámetros de caño recto antes y 5 después, y 30 diámetros desde la descarga de una bomba. En un caño de 3" (DN80) son unos 80 cm antes y 40 cm después. Si la instalación no los tiene, la lectura pierde exactitud.
La incrustación interior cambia el diámetro real y atenúa la señal. Un caño con revestimiento interior se puede medir cargando el material y el espesor del revestimiento, pero en caños con mucha incrustación, revestimientos despegados conviene probar antes. Si no se conoce el espesor de pared, se mide con un medidor de espesores por ultrasonido.
Este equipo es portátil y a batería: registra datos en memoria y los descarga por RS232, pero no tiene salida analógica de 4-20 mA. Para dejar un punto medido en forma permanente y llevar la señal a un PLC hay versiones fijas de pared con transductores clamp-on: consultanos por ese caso.
Los transductores estándar llegan a +90 °C y a DN400. Para agua caliente por encima de esa temperatura o para caños de mayor diámetro hay transductores especiales, que se confirman al cotizar. El equipo no tiene certificación CE ni aprobación metrológica para facturar agua: es un instrumento de medición técnica, no un medidor legal.
Indicanos el líquido y su temperatura, el diámetro exterior y el material del caño, el espesor de pared si lo conocés y el caudal aproximado. Con esos datos se confirma si el caudalímetro ultrasónico es la opción correcta y qué transductores corresponden.
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